jueves, 14 de mayo de 2015

vuelo




En pétalos se alzaron los pájaros del canto,
huyendo de los escombros de la noche.
Fue la hora de partir. Dejar la isla de tus brazos
como (salvadoramente)
el mar deja a la ola en cada muelle,
para desandar la muralla del silencio
y evocar el milagro húmedo de otra ternura. 


Sue_*©
© Texto y foto:  Susana Inés Nicolini®


hablo




Hablo del cielo azul y de las águilas
Hablo de los cauces donde la sed eterna sigue
Hablo de tu mirada como una piedra en la honda
Hablo de tu soledad en estas horas
en las que el sol cae en racimos.
Hablo del origen de las cosas
de las heredad súbita del alma
absorta, pálida, doliente,
contra las viejas hélices del crepúsculo.
Hablo de aquellos solitarios que huyen
cuando la noche es una invasión poderosa.
Hablo de la fatiga y de su voz lenta.
Hablo del musgo, de la piel sin cuerpo,
de las rosas rojas en los pechos.
Hablo de los huérfanos de abrazos
y de las hogueras de los náufragos.
Hablo de la emergencia del hambre
y de las tumbas de los que no tienen tumba.
Hablo del espanto, de las tardes sin faros
que olean sin mar pero con brasas.
Hablo del viento y de sus aguas de metal.
Hablo –en definitiva- de volver a encontrar
tus blancas manos,
de tener los corazones calmos
y los abrazos largos.
¡Hablo del amor, las frutas, el milagro!

Sue_*©
© Susana Inés Nicolini®
Foto: Vadim Stein.

lunes, 11 de mayo de 2015

banco de almendro

keithperelli.com
Keith Perelli, Build, 45” x 24”, oil on paper on wood





Sobre el oscuro banco de almendro,
donde alguna vez
juraron dos amantes
ha muerto un hombre,
herido de amor y de miseria.
Desde el blanco y el negro
de las letras
cuentan que sus sueños
se escaparon
en imposible visión
como un pájaro lento.

Un desconocido más
que huele a restos de incienso
y a un blasfemo amén
que no cumplió
su redentora promesa.
Uno más que no tuvo
dónde asirse
expulsado de las nupcias
con el cielo.
Uno más,
con las venas secas,
y pálidas
yéndose
hacia la sutil
fragancia del abismo.

Estéril salario de los mártires,
que corren por túneles
sembrados de garras
invisibles,
sin ropa y sin aura,
que nacieron sin beatitud
ni condescendencia;
porque hasta los dioses
necesitan
desatar sus vientos,
mintiéndonos.


Sue_*
©Susana Inés Nicolini®
(Derechos Reservados) 


Imagen: Keith Perelli