miércoles, 18 de marzo de 2015

mil mariposas







Abraza con las únicas dos palabras húmedas que te quedan
el instante sudoroso de la nada. La estatua de terror,
los helados campanarios convulsionando tus pies, tu alma ciega
de lágrimas y labios. Mil mariposas dirán adiós una y otra vez
y tiritaran mirando las trizas del espejo.
Abrázate muchacha ¡si Inés! hazte pequeña y vete. Lo que sabes
ya rugía ante tus ojos y agriaba el aire.
Mil y una amantes, como mil y una noches quedaron en su almohada.
Y estás sin manos para decir nunca. Sin manos para decir siempre.


los signos




Ese mar que adoro sueña y soy uno de sus sueños
Mientras los signos se reiteran el día desciende
por la pendiente de mi brazo extendido hacia las estrellas.
Ya no sólo le concedo a la noche esa porción de vida
que deshace el lecho del amor con colores vivientes
a la manera de signos, a la manera de torres, a la manera
de joyas ahogadas. Ese sonido palpable de la agonía constelada
cuando los ojos se miran profundamente, los cabellos se revuelven,
y nos dejamos matar por pequeñas muertes.
Esa playa que adoro sueña y soy las huellas de sus sueños.
Me voy hacia su ojo amarillo con furor de sepias
Me voy. Tengo necesidad de alas para alisar las penas.
No tengo más tiempo para esperar. Ya respiro. Ya vuelo.
Ya me aferro al aire puro. Los pájaros me cantan sortilegios.


un minuto

Si tienes un minuto
dejemos que la noche no sea breve
hablemos de nosotros con las voces de la piel
Si tienes un minuto
descalza tu ropa en las alfombras
y confundamos sed con sed
entre las bocas.



© Susana Inés Nicolini
Sue_* (2015)®



jueves, 5 de marzo de 2015

agua de olvido














Déjame respirar por mucho tiempo
el olor de tus cabellos mojados de mar.
Soy un hombre sediento. Necesito
sacudir los recuerdos del aire. 
Ese vértigo.
Ese abismo movedizo que me arrulla en sus pliegues.
Esas miles de lenguas acribillando el espacio.
Quiero fundirme en tu silencio y morirme de certeza.
Turbar la plácida noche y gritar todo lo que oigo
desde el borde de mi piel, mártir de tu adiós.
Reavivar el cadáver. Arrancarlo de la cripta salvaje
y huir contigo en mis brazos, 
para siempre, 
ahora
que la sangre de mis venas no es más que agua de olvido.

©® Susana Inés Nicolini
Foto: Sue_* ® 2015
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