miércoles, 18 de marzo de 2015

mil mariposas







Abraza con las únicas dos palabras húmedas que te quedan
el instante sudoroso de la nada. La estatua de terror,
los helados campanarios convulsionando tus pies, tu alma ciega
de lágrimas y labios. Mil mariposas dirán adiós una y otra vez
y tiritaran mirando las trizas del espejo.
Abrázate muchacha ¡si Inés! hazte pequeña y vete. Lo que sabes
ya rugía ante tus ojos y agriaba el aire.
Mil y una amantes, como mil y una noches quedaron en su almohada.
Y estás sin manos para decir nunca. Sin manos para decir siempre.