miércoles, 22 de octubre de 2014

un pájaro





Cayó en cascadas el amor
respirando poemas.
Ardió en un patio prohibido
rodeado de lajas taciturnas.
Voló las arenas de playas,
dónde brujos y notarios
construían palacios o celdas
con las mismas palmas pulidas.
Se exilió, por algún tiempo, en
Infiernos con sellos de bautista.
Merodeó los ojos de ese rostro
iluminándolo con intermitencia,
y él también creyó que era luz.
Se acunó en las pestañas anochecidas
de la joven que lo soñaba.
Enhebró pupilas negras como pozos
para rezar cientos de rosarios.
Bebió hasta saciarse, enloquecido,
en el vórtice de la última inocencia.
Con el soplo festivo de su risa
araño el tesoro de un corazón
y prometió eternidad.
Pero no bastó…
De todos modos el ángel gris
lo hizo añicos.
Y aulló en el amanecer
en el crepúsculo
en la noche
atravesado por las espadas
del hábito.
Y comenzó a correr por la tierra
esquivando las piedras,
los lobos,
los mendigos,
el tedio,
la tristeza,
la obsesión
y la muerte.
Acaso el amor sea un pájaro,
o en las lindes de la felicidad
se vuelva pájaro incierto,
acorralado,
que un día…
un buen día…
decide convertirse
en la inmutable arena del silencio
entre cigarrillos y cenizas.

©® Susana Inés Nicolini
Sue_*
#SafeCreative

(Pintura Gian Lorenzo Bernini)