viernes, 22 de agosto de 2014

y el agua




Y el agua forjó voces que trabajarían para el después y para el siempre.
Y el agua ahogó el silencio, un silencio de cielo, uno como el que sólo pudo existir en el instante que antecedió a la creación.
Y el agua preguntó ¿quién me enseñará el camino?
Tal vez, los pozos profundos, tal vez los confines. Tal vez la mitad de la noche. Tal vez los jaguares.
Cuando la sangre terminó de hablar se deshizo en el agua, y la tierra calló a los grillos para que no hubiera música alguna mientras durara la muerte.
Y esto sucedió de extremo a extremo, por dónde caminaba el noveno vientre trayendo un prodigio para el día siguiente.
El sol lo supo, los membrillos también, por eso comenzaron a pensarle un nombre. 


©® Susana Inés Nicolini.
Sue_*

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