miércoles, 16 de enero de 2013

verbo y sustantivo...




Toda la luz necesaria
estaba en esa parte
entre vos y yo
como mía y tuya
de alguno o de los dos.
No hacía falta
una mañana prematura
ni una noche feroz
ni encerrarnos los pasos
como si el mundo, cardinalmente,
fuera una cama
sin sentido, por capricho,
volcando los trapos en la tierra
debiendo morderse los ojos
y las bocas y derramarse
por la meseta fría
el verbo, el sustantivo,
con tanta sangre herida.
No hacía falta llenarse los tobillos
de mentiras, de alegatos,
de yuyo y de cenizas.
¡Que estupidez! Piedra y
piedra, dispuestas, desde ahora
a parar el paso, a no dar lugar
en ese lenguaje del decir
que pide flores, y las pide de pie
porque nuestro cielo no era
parcelado
conveniente
predecible
incluso, creí, era probable.
Pero hay tormentas inmediatas
bufonas, inútiles
que se nos caen encima
que espantan las luciérnagas
que traban las lenguas y las vocales
por no decir, por no esperar.
Por no entender la dulce posibilidad
de lo distinto
de ese desnivel…
Entonces el camino se vuelve otro
y nos derrota la simpleza
con su paso rítmico, en silencio,
usando aquellas cicatrices…
y la memoria de lo dicho, traiciona,
y las mañanas vuelven a ser
ese torpe y repetido infierno personal.




©® Susana Inés Nicolini
(Todos los derechos reservados)