martes, 18 de septiembre de 2012

del Sud



"El tiempo no tiene una si no muchas ruedas. Una rueda para las personas de corazón lento, y una rueda para las de corazón apresurado. Ruedas para las criaturas que envejecen lentamente, ruedas para las que se hacen viejas con el día. ¿Cuánto tiempo es un tiempo?
Si me preguntan, diré que los que cuentan diez cosechas, han visto el tiempo de crecer a un niño. Pero deberé agregar que las luciérnagas contaron por cientos y cientos, las generaciones muertas en ese mismo tiempo sin memoria, y para la montaña apenas es un instante.
Dicen que el hijo de la Muerte, dispone de más tiempo que una montaña.
Oh tristeza del sol que vería morir a los hijos. Dolor de la Tierra que los recibiría antes de tiempo. El Padre y la Madre se miraban entre ellos.
Entonces… la flecha zumbó en su vuelo, y se ensartó en el corazón del guerrero, con una precisión que hubiese podido pasar por misericordia.
Del otro lado del mar, del vasto y temible mar, los que un día partieron, un día llegaron. Entre la corriente y la piedra; gotas de agua, gotas de Brujo, hicieron el resto.
El águila, el puma, el lobo, y la Magia enrojecieron el atardecer. Y fue con ellos la belleza de la Creación, y las danzas olvidadas fueron recordadas, y el agua de maíz servida y los pasteles de calabaza dulce volvieron a la mesa. Las mujeres olvidaron sus sandalias y los hombres picaron las hojas de tabaco; los pájaros del verano regalaron sus plumas coloridas. Y así fue el día, y así la resurrección. Porque también en las Tierras del Sud, hubo una Magdalena, una María y un Hijo."


©® Susana Inés Nicolini
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