lunes, 19 de septiembre de 2011

llorarás



Oh luz temporal, ambigua,
no te pedí que entraras
a mi vida. No te pedí,
tampoco, que tu rostro
decline, ahora, hacia el
duelo de los ocres,
porque  sí,
porque te asustas.
Una línea escrita,
ingenuamente,
trazó la ruta del encuentro,
quizá porque hacía
un frío silencioso,
y los recuerdos eran como un eco:
musgo en la boca,
hiedra en las manos.

Hoy giras en torno
al umbral de muchas voces;
lo sé. Siempre lo supe.
Mas jugué a ser dulce rehén
de probables emboscadas.

El valle de las nueces
y el cansancio
dejó de dar frutos comestibles.
Todo llega. Todo pasa.
Y hoy los dedos están hurgando
tus lúgubres vasijas,
sólo para entregar, cumplidas,
tus mismas profecías.

Nunca creíste, de verdad,
nunca creíste
en ese sueño recurrente,
pero me nombraste y llegué,
mujer, amor, puñal del alba,
trayendo ráfagas e insomnio,
pupilas de aire tras las puertas,
filo del sol,
perfil del viento…

E igual mentiste, varón,
que con sólo un desfiladero
de palabras, pretendías, incitar
al delirio los molinos.
Te advierto, hombre fatuo,
que el imán del viento sopló
ya en mi oído,
y con las lágrimas de ésta primavera,
te supe mendaz y más ajeno.

Trenza profana de la muerte,
vano timonel en barco fugitivo,
por unas horas fuiste un dios
sin entenderlo…