jueves, 14 de abril de 2011

ensalmo


Aun teníamos los espejos de abril
para incendiar  las tardes del otoño,
que esfumaba, lejano, el fondo
de alguna visión.
También teníamos el gusto intacto
en nuestras sonrisas
para saltar el cerco de las noches
sin luna e ir hacia ese otro mar:
el que lloraban tus ojos.
Y una risa sincera que podía
apagar el sonido de los grillos
y el canto de alguna cigarra.
Un navío de luces blancas,
que se perdía en el nudo de las playas;
y una guitarra que conocía el sabor
de las lágrimas
y las caricias de Málaga.

¡Es un río ebrio y una calle 
lejana la de los sueños!

Al filo del sol, como balas, las notas
hirieron las cuerdas
con la primera verdad.
Fantasma y puñal fueron
la misma cosa…
Morí esa vez, y luego otras tantas
siendo cierta la voz de la incertidumbre.
Mas…
Miró, Goya, Lorca, Picasso o Paloma,
todo cupo en el haz del aliento.

¡Es un río ebrio y una calle 
lejana la de los sueños!


Sin embargo hay pies, como los míos,
que saben
dónde están los brujos nocturnos;
hacer un pacto y volver
desde el vacío y la sed.