martes, 29 de marzo de 2011

Teofanía





El agua en nupcias con el cielo
arrastra su velo azul grisado;
unas aves negras, pequeñas,
solitarias,
emigran hacia un horizonte
más condescendiente.
Sobre la playa una botella blanca
encierra la bruma de algún cuento,
Un recuerdo, una presencia ausente,
como la muerte.
Entonces me pregunto:
¿Quién cortó el paisaje con
el hielo de las nubes?
¿Quién quebró su voz entre
las ramas deshojadas?
¿Quién calla el ruido del verano
como si tratara de apagar al mar?
¿Y las risas de los niños,
y el susurro del agua,
y tus pies pequeños mecidos
por el aire,
y tus ojos tanteando el camino
de regreso?
Y ya llueve…
Y entre el blanco y el negro
se esfuma ésta boda de silencio.
Ya no embriaga el viento
como antes,
ni un torrente de ecos dispersa
el vacío de mis deshechos sueños.
Sobre el lento papel de ésta carta
con el arabesco de mi pluma
te estoy diciendo adiós,
-y es causa justa-
que mi alma
cansada de extrañarte
vacile, peregrina, y se empeñe
en fugar hacia nuevas
flores amarillas.