martes, 22 de marzo de 2011

es marzo


Es marzo y hay humo en las veredas.
Más  fuegos secan las hojas tibias.
Las nubes doradas llevan tu nombre,
se me ocurre que van sin rumbo cierto.
Se escucha a lo lejos el silbido del tren
como un llamado del más allá.
El sol ha dejado de comprometerse
a iluminarnos siempre,
porque todo tiene un límite.
La tarde muerta cae sobre le patio
entre los fantasmas de las rejas.
Avanza la noche suave,
como una balada que acuna
el dolor del ciprés
y el aroma de la madreselva.
Aun queda un poco de la sangre
del estío que madura la vid
y el púrpura incendia la pasión
del horizonte.
Entonces es otoño…
Y sus secretos son reconocidos
por los solitarios,
los verdaderos desamparados;
esos seres que pasan inadvertidos
para casi todos,
y que, si fueran llamados
por su verdadero nombre
morirían a manos de su
esperanza marchita.
Mejor no nombrarlos.
Es tan simple el amor
y tan escueto…
En la desnudez de una noche
se quiebra su mandala,
y creemos haber descubierto
el secreto de todas las visiones,
y creemos poseer la alegría
de todas las lluvias.
Es tan simple y tan escueto…
mas en las calles vacías
queda flotando el último
vocablo dicho: una resaca,
una señal, un cadáver a plena luz,
un insomne, una cuerda,
un suicida,
un precipicio.