martes, 9 de noviembre de 2010

la hora

Es cierto
somos pobres
y estamos en vela
sin tener mucho
que hacer.
Es la hora exacta
en que se oye
a los que tienen dolor,
mientras los demás duermen,
o hacen que duermen
y que no oyen
a la vieja de al lado
que está sola
con las manos cruzadas
sobre la sábana ajada
con la bata subida
de tanto tironear la vida
que se le acaba de escapar.
Debe haber alguien en
la calle de niebla,
alguien que haya oído
la súplica, y el correr
de la sangre,
alguien que me diga
qué hago con éste torrente
en las manos,
con éstas cuchillas
perladas  y salvajes,
alguien
en la plaza caliente
en el pueblo injusto,
de la vieja
que sueña
para siempre
sola
mientras blasfemo.