sábado, 9 de octubre de 2010

pequeña y nocturna


Son esos pequeños ruidos
que en la noche me alborotan,
disonancias del ultimo “te amo”.
Como si fuera la tierra prometida,
obligadamente, retoñan
sin que pueda detenerlos;
y es éste lecho encadenado
a tus fantasmas
que se figura el retorno.
Esporádicamente, le otorgo
a mi cuerpo
la realidad de un beso,
pero no basta.
Es algo religioso, pienso,
que en cada atardecer
aun existas
¡malévolo desquicio de mi mente!
Es algo religioso, pienso,
mas ya no ruego, ni pido
a los dioses paz y calma,
ni corto las rosas del ocaso
para rendirte culto sollozando.
Es la piedad la que entra por mis venas
y esa frágil mentira del amor,
almíbar, que ya no endulza,
la que asume la palabra
en ésta hora desteñida de campanas,
en la cual, hasta el infierno,
se me antoja una mejor morada.