viernes, 27 de agosto de 2010

viajero

Las astillas de ésta noche

no caben en todas las tormentas,
ni sobra un solo grano de arena
para contar las noches
de mi espera.
Tampoco han de alcanzar las notas
de la música íntegra
para olvidar
ni una de las lágrimas
que por las madrugadas
silentes y confusas,
me arroparon –tan sólo- con
algunos látigos de viento
pulsando en mi ventana.


Todo no será suficiente.


Afuera están otros ojos
baldíos, francos, osados,
anhelantes,
comenzando a lamer
los filos de tus
trenes que ya parten.


Y yo te digo:
no seguiré la simetría de
las escaleras
para despedirte,
no me demoraré en abrazos
repetidos, para marcar
la suerte por la espalda.
En éste amor, no hay
nada que deslumbre:


ni un refugio soleado


ni un fragmento de pujo
compartido,


ni un aroma que tiña
las paredes para siempre.


Sólo tus labios y los míos
en besos fronterizos,
que como alas de un ave diferente,
se unieron, clandestinos,
para jamás dejar de ser
aliadas de la luna
y mártires de la distancia.

Todo no será suficiente…