viernes, 20 de agosto de 2010

del este

Suena un lautarí sin asombro
la cuerda es única
y hay un sólo viento.

La noche es angular,
prístina y ciclópea,
dice más de mi
que toda mi memoria.
Mi tobillo es el aviso
para la vergüenza y el sigilo,
para el vino brotado
de azucenas,
y el azúcar perdido entre las lunas.
Quiero soñar que bailo
vestida de naranjos
abriendo las venas al verano,
riendo con cualquiera de mis bocas,
menos con la suya.
Pero sé que vendrá:
hombre,
y será breve su visita
y será pobre,
no habrá ni un beso,
acaso ni palabras.
Guarida de humo y heno seco,
forcejeando un torbellino
de palmas
mientras sangro de mentiras,
y febriles campanadas.
Quiero soñar con los azahares,
comensales ribeteados
de almíbar y guirnaldas.

Oigo el tañir de sus tacos

Quiero soñar que bailo…